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Todos los magos van al cielo (HP. Parodia)

 
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Joanne Distte
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MensajePublicado: Sab Ago 19, 2006 8:45 pm    Asunto: Todos los magos van al cielo (HP. Parodia) Responder citando

Bueno, he pensado en subir algo más cómico/paródico/paranoico. Este fic lo hago con una chica de madrid x msn que se llama Marlene, así que no es sólo mío. Tiene spoilers del 6º, que espero que a estas alturas todos los hayan leído, y bueno, podrá tener todos los crossovers que se os puedan ocurrir. Es algo... OOC xD No os esperéis nada muy serio. Pongo el prólogo, y si gusta, sigo.

Quidquid latine dictum sit, altum viditur

Se diga lo que se diga en latín, suena profundo.

(o algo así)


TODOS LOS MAGOS VAN AL CIELO

PRÓLOGO


Eso era vida.

Lejos de alumnos pesados, de locos que intentaban apoderarse del mundo, de gente crédula que le criticaba, de traidores...

Sí, definitivamente estar muerto tenía sus ventajas.

Albus Dumbledore se acomodó mejor en su nube. En realidad cuando le había dicho a aquel psicópata de Riddle que había cosas peores que la muerte, no lo había dicho en serio, pero ahora estaba definitivamente comprobado. Pobre e iluso Lord Voldemort, no sabía lo que se estaba perdiendo.

Movió la mano, siguiendo el ritmo de la melodía del arpa, con cuidado para que la tostada de Philadelphia no se cayera en un golpe de entusiasmo musical, como la última vez. Le había dejado el pañal echo un asco.

Los primeros días había echado de menos los caramelos de limón. Pero, ahora, el queso Philadelphia los había sustituido por completo. Y así, con una adicción nueva, el semi desnudo anciano prosiguió a reflexionar sobre su vida y su muerte.

Segundos después, chasqueó la lengua, aburrido. Dado que era un buen sitio, perdonaba completamente a Severus Snape. Además, el pobre profesor de Pociones tenía cosas de las que vengarse. Como aquella vez que le organizaron una cita a ciegas con Trelawney, o cuando le hizo darle clases de Oclumancia a Harry... qué recuerdos. Se había reído tanto. Pero que constase en acta que él lo había hecho con la mejor intención. Sospechaba que tras esa dura máscara, escondía unos florecientes y amorosos sentimientos por el adolescente. Y probablemente no solo por ése. Todo Hogwarts sabía que el joven Longbotton tampoco le era indiferente. Tenía que haber caído antes que tras esos frecuentes castigos tenía que haber algo más...

¡Y por si fuera poco ahora el joven Malfoy!

Era todo un detalle el que Severus se hubiera ofrecido a jugar a los papás porque Draco estuviera metido en problemas. Dumbledore luchó por contener las lágrimas de emoción. ¡Esas cosas siempre le ponían tan sensible!

Ahora mismo Draco y Severus Snape debían estar en algún lugar escondido, solos, el uno cuidando del otro, dándose el apoyo que siempre faltaba en una guerra...

¡El cariño que siempre le había faltado a Voldemort!

Aquí el director no pudo contenerse y lloró a lágrima viva, sacando un pañuelo del pañal y sonándose sonoramente los mocos. ¡Si sólo lo hubiera sabido! Habría conseguido llenar ese vacío dentro del joven Riddle antes de que todo este lío se hubiese organizado.

Todos estos pensamientos de alejaban de lo maravilloso que era en realidad estar muerto, así que decidió que debía poner sus ideas y sus sentimientos en orden –todo esto lo pensaba entre incontrolables sollozos-, antes de seguir disfrutando del queso philadelphia y de la blanda nube en la que estaba tumbado.

Sus pensamientos se perdieron en visiones de Harry luchando valientemente la guerra contra el mal, animando a sus amigos; atravesando dificultades; liándose con Ginny, destruyendo Horcruxes; odiando a Snape y rebozándose en la auto-compasión como siempre... Definitivamente Harry iba a estar bien sin él. El chico era el protagonista de todas formas, y no le podía pasar nada hasta el final de la historia.

Por el señor Weasley y la señorita Granger tampoco estaba muy preocupado, principalmente porque había tenido pocas escenas con ellos en las películas y no demasiada conversación en los libros y no le importaba en absoluto lo que les pasase. Por eso los había elegido Prefectos, para disimular frente al lector.

Así, podría enumerar uno a uno a todos sus compañeros. Todos tenían su papel en aquella guerra, y lo cumplían. Seguramente, y debido a los numerosos peligros que les acechaban –a él lo máximo que le podía pasar era que viniese un poco de brisa y la nube se le deshiciera-, muchos estarían junto a él en menos de lo que tarda en decirse supercalifragilisticoespialidoso. Cuando llegase ese momento, sabría cómo esconderse para no tener que verlos.

Dumbledore intentaba no preocuparse por cómo acabaría la guerra. Lo único que cambiaba la cosa era si vería o no a Tom Riddle en una de las nubecillas a su lado o no, y del tiempo que le llevaría ver a los primeros mortífagos llegando.

Aunque siempre podía ocurrir lo inimaginable... ¡Que los malos ganaran! Si por algún casual ocurría tal cosa, ya podría irse a buscar otro lugar donde descansar el resto de su vida inmortal porque aquello se llenaría de gente, como aquellas playas donde le gustaba veranear y donde no había hueco ni para clavar su preciosa sombrilla de colores. Ni hablar ya de si morían Hagrid, Madame Máxime o el simpático hermanito del primero, el pequeño Grawpie. Ahí tendrían que imponerse las medidas desesperadas para casos desesperados.

Sintiéndose alarmado, decidió hacer lo que había hecho siempre hasta entonces para combatir el estrés: confundir al prójimo. Movió su nube hasta quedar encima de la casa donde Severus se escondía ahora, e hizo que lloviera, agitándola con fuerza. Cuando Snape asomó la cabeza por la ventana, le tiró los restos de tostada. Vislumbró a lo lejos como, bajo la inevitable ley de Murphy, ésta caía por el lado pringoso sobre el pelo del antiguo profesor, que empezó a blasfemar y a maldecir a todo bicho viviente. Con una sonrisa satisfecha, se acomodó en la nube, y se concentró en disfrutar de la vida, hasta que cayó en un dulce y plácido sueño.

OoOoOoOoOoOoO

-Ejem, ejem -repitió el hombre de pie en una nube cerca del semi desnudo y dormido Dumbledore. Llevaba ahí un buen rato-. Ejem, ejem.

El director se movió un poco, acurrucándose más aún y encogiendo las piernas.

El empleado estaba ya bastante mosqueado y recordó lo que le enseñaron para esos casos en el cursillo de instrucción de dos semanas que hizo antes de conseguir el trabajo: agarró el pañal por detrás y tiró con todas sus fuerzas.

Albus abrió los ojos, escandalizado ante esa falta de intimidad tan degradante.

-¡Pardiez! –exclamó, agarrándose a la nube con todas sus fuerzas, evitando ser arrastrado.

-Lo siento -dijo el empleado ajustándose las gafas, y con voz aburrida y sin inflexiones añadió, sabiendo que la excusa estaba tan gastada que ya ni intentaba sonar sincero-. Yo sólo soy un mandao, culpe a los de arriba.

Dumbledore se levantó, irguiéndose digno en su pañal y murmurando algo que incluía "malditos funcionarios" y algo que empezaba por "Avada...".

-¿Me escucha?

Más refunfuños.

-¿EJEM?

-Ejem, ejem.

-Ejem, ejem, ejem –repitió el hombre, entrecerrando los ojos con odio.

-¿Le ocurre algo? –preguntó solícito Dumbledore-. Mire que es complicado resfriarse aquí, en el cielo. ¡Qué curioso!

-Sí, bueno, ya sabe... asma –se excuso el otro sacando de algún sitio unos documentos y leyéndolos rápidamente antes de dirigirse a Dumbledore, cogiendo aire-. ¿Es usted Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore?

El mencionado tuvo la casi incontenible tentación de mentir como un bellaco... pero luego se dio cuenta de que aquello era el cielo, y, por eso, probablemente la pregunta era puro trámite.

-Sí –asintió, quitándose las pelusillas del pañal-, soy yo.

-Ha llegado usted al cielo en las últimas 48 horas, señor Dumbledore, y me han mandado para informarle de que tiene que pasar un juicio. Diríjase a esta dirección, por favor.

El empleado le tendió un papel, que Albus cogió y miró a través de sus gafas de media luna sin cristales –en el cielo su salud volvía a ser de hierro y su visión perfecta, pero le gustaba el aspecto tan sabio, tan elegante y, a su juicio, tan sexy, que le daba el objeto-. La letra de la nota estaba escrita a mano, con una caligrafía tan mala que le costó descifrarla.

Siga el camino de ladrillos amarillos.

-¿Por qué necesito un juicio si ya estoy en el cielo? -se interesó, dado que no quería confundirse con lo críptico del mensaje.

-Porque todos los difuntos entran al cielo primero -respondió el hombre, que por cierto sufría de calvicie prematura, con un suspiro-, y luego tienen que pasar un juicio para saber si pueden seguir aquí.

-¿Y no sería más fácil pasar por lo del juicio antes? -preguntó Dumbledore, ahora sí verdaderamente curioso.

Aquí la sonrisa del hombrecillo se volvió algo sádica, y el director se revolvió algo incómodo en el sitio, de pronto sintiéndose tenso.

-No, si no van a seguir aquí, al menos queremos que sepan lo que se pierden.

-Oh.

Siguió un silencio incómodo.

-Umm... ¿Por dónde empiezo? -preguntó al fin Albus, que había caído en el leve detalle de que a su alrededor no había más que nubes. Ninguna camino amarillo se extendía a su aguzada vista.

-Oh, le proporcionamos un guía -informó el funcionario, con una leve sonrisa- y no tiene que pagar sus servicios hasta dentro de tres meses.

-¿Pagar?- preguntó Dumbledore alarmado-. ¿Cómo voy a pagar? No tengo N-A-D-A.

-Está en nuestra posesión su llave de Gringotts, no se preocupe. Cogeremos lo necesario.

-Pero...

Y sin más preámbulos, el guía apareció delante de los dos hombres salido de la nada, con una enorme sonrisa Colgate.

-¡Buenas tardes, director! Me alegro de verle... Bueno, usted me entiende... no es que me alegre de verle muerto, pero... -El guía siguió intentando disculparse aunque nadie le escuchaba en realidad.

Dumbledore lo miró durante largo rato.

-¿Quién eres tú, y por qué insinúas que nos conocemos? -preguntó desconfiado, retrocediendo un par de pasos, llevándose una mano al bolsillo trasero del pañal, donde guardaba la cartera.

El guía, sorprendido y visiblemente deprimido (porque la sonrisa Colgate había desaparecido de su cara por fin), decidió presentarse:

-Claro que nos conocemos, señor. Soy Cedric Diggory. -Tras otro silencio, al no ver ninguna reacción, aclaró-: Morí en el cuarto libro, cuando resucitó Quien-usted-ya-sabe, durante el Torneo...

Pero Dumbledore ya no escuchaba. En su cabeza sólo podía repetir: "malditos alumnos, me han encontrado...".

Se acercó despacito hasta el funcionario, que miraba la escena tan tieso como una estatua, poco interesado. Tenía la intención de quitarse de en medio a ese chaval aunque tuviese que recurrir a las más sucias artimañas, aprendidas con los años (la vejez tiene que tener algo bueno). Se puso la mano sobre la boca para que el tal Cedric no le leyese los labios, y susurró:

-No me fío de este guía. Me está mirando libidinosamente.
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lady_Elyon
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MensajePublicado: Sab Ago 19, 2006 10:01 pm    Asunto: Responder citando

Jajajajaja lo que me he podido reir xDD
Esta frase "con cuidado para que la tostada de Philadelphia no se cayera en un golpe de entusiasmo musical, como la última vez. Le había dejado el pañal echo un asco."
Me ha matado xDDD

_________________





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Guybrush
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MensajePublicado: Sab Ago 19, 2006 11:09 pm    Asunto: Responder citando

El principio es totalmente Pratchettiano! O_O

Se sale xD

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Troyandark
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MensajePublicado: Dom Ago 20, 2006 8:00 pm    Asunto: Responder citando

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Joanne Distte
Carismático Archivillano


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MensajePublicado: Mar Ago 29, 2006 1:59 pm    Asunto: Responder citando

Ale, jeje, grx a los que han dejado comentarios ^^ Aquí dejo el primer capítulo. El segundo también está hecho, y esperamos no tardar mucho para el tercero (pero la última vez que dijimos eso, tardamos 8 meses... así que mejor me callo).

Corre a encontrar la muerte, antes de que te quiten el sitio.

(Guerrero nº 13)


CAPITULO I: AMARILLO LIMÓN

-Simon, por favor, ¿te importa decirme adónde vamos? -preguntó Dumbledore enfadado, tras un rato de estar saltando de nube a nube, buscando el principio del supuesto "camino de ladrillos amarillos".

-Me llamo Cedric, señor -resopló Diggory, algo resentido porque era ya la vigésima vez que le su ex-director se hubiera referido a él como Simon-. Y estamos buscando el camino, como le dije la última vez que preguntó, hace 30 segundos.

Dumbledore se detuvo, entrecerrando los ojos.

-Lo noto algo impertinente.

Cedric no se molestó en contestar. Aceleró los saltos, obligando a Albus a hacer lo mismo. Molesto, éste decidió sacar la artillería pesada. Repitió tanto en los siguiente diez minutos el “¿Hemos llegado ya?” que el guía se sentía seriamente tentado de mentir a los jueces. Tal vez cuando estuviesen ante ellos se le escaparía que Dumbledore era en verdad el terrorífico Lord Voldemort.

No tardaron mucho en divisar el principio del tan afamado camino de ladrillos amarillo. A los bordes había un par de enormes banderas de colores, y varios puestos de helado y café, e incluso un punto de información turística.

-¿Ahora no lo pregunta? –le dijo Cedric-. Por una vez que puedo decirle que hemos llegado.

-Es que ya me he cansado. Ya sabe que a mi edad uno debe ahorrar saliva –argumentó Dumbledore con aires sabihondos.

Cedric entrecerró los ojos, en su mente asentándose cada vez más la idea que le había surgido momentos antes.

Dando un bote en la última nube, aterrizó en el camino, seguido por Dumbledore.

Mirándolo todo con curiosidad, el anciano no hizo caso de las palabras de su guía, y fue rápido a pedir información. Todo esto, por supuesto, después de pedirse un helado de triple bola de piña, limón y pepinillo.

-Bienvenido al camino de ladrillos amarillos -le dijo aburrida una mujer anciana, con una placa al lado derecho de su blusa en la que se leía Dorothy-. ¿En qué puedo ayudarle?

-Oh, me llamo Albus Dumbledore y tengo que llegar a mi juicio. ¿Podría recomendarme alguna ruta, por favor?

Cedric hizo acto de presencia al lado de ex-director, farfullando entre dientes:

-Conmigo no es tan amable.

Dumbledore o no lo oyó o se hizo el tonto, y miró fijamente a la mujer a través de sus gafas sin cristales. Ella hizo una mueca que estaba entre el hastío y el desprecio.

-Vaya recto –bufó por fin.

Albus, que había esperado más colaboración, miró a Cedric y a Dorothy alternativamente durante un rato, pensativo. A Cedric esto no le hizo ninguna gracia, y le puso visiblemente nervioso.

El anciano se apoyó en el mostrador de la caseta y miró a Dorothy con cara de negocios. Bajó la voz.

-¿Cuánto me daría usted por Simon? –El escepticismo invadió la expresión de la mujer-. No, no me malinterprete. No es que quiera deshacerme de él, para nada. Es un buen chico. –Acompañó sus palabras de unas palmaditas cariñosas en la cabeza de Cedric-. Es solo que, ya sabe como son estas cosas... He oído que el viaje que me espera hasta el juicio es duro y largo, y no quiero exponerle a ningún peligro.

La mujer pareció considerar la oferta por un momento, mientras Cedric trataba de liberarse de la mano de Dumbledore, que le sujetaba firmemente en su sitio.

-¿Qué hay que darle de comer? –preguntó con curiosidad. A ver si el chico iba a ser un tragaldabas y la iba a arruinar.

-Eso no lo sé -respondió Dumbledore tapándole la boca a Cedric, que trataba de gritar algo y pataleaba-. Creo que nada -respondió con una sonrisa encantadora.

En ese momento Cedric le mordió la mano. El profesor gritó de dolor, y la mujer le miró indignada.

-Así que intentaba vendérmelo porque muerde¿verdad? Es usted un hombre muy deshonesto –protestó-. ¡Seguro que no tiene ni la antirrábica!

Con esto Dorothy le volvió la espalda y no le hizo caso en lo que quedaba de capítulo.

Al profesor Dumbledore no le quedó más remedio entonces que colarse por la puerta trasera para conseguir a escondidas unos mapas, y ya de paso, usar los lavabos –dejándose la tapa del retrete sin bajar y abriendo todos los grifos-. Robó unos uniformes muy cómodos, asegurándose de que fueran de su talla y de la de Simon.

-¡Mira lo que he cogido prestado!

Cedric vio asustado como Dumbledore le plantaba su uniforme de Boy-Scout delante de las narices.

-No se irá a poner eso ¿no?

-Claro que sí –aseguró entusiasmado-. El pañal, aunque no lo creas, es bastante incómodo. Con tanto salto se me va bajando.

-Qué espectáculo.

Dumbledore procedió a ponerse el traje. Pantalones cortos de color verde oscuro, camisa de explorador, sombrero marrón con alguna que otra insignia y finalmente el toque final: una pañoleta roja anudada al cuello.

Estaba estupendo.

Le gustó tanto su nuevo aspecto que empezó a insistir a Cedric para que se pusiese el suyo. Cuarto de hora más tarde, a punto de suicidarse por tanta protesta, el alumno accedió.

Y así, nuestros valientes protagonistas continuaron su viaje hasta... hasta que veinte metros más una mujer de aspecto sospechoso les cortó el paso.

-¡Yo soy la omnisciente, la irremplazable, la única Cassandra Trelawney, descendiente de profetas y visionarios! Oíd mortales.

-¿Lo de mortales va con ironía? –preguntó Dumbledore a Cedric, quien se encogió de hombros sin saber.

-¡Ah, no me interrumpas, pobre incrédulo! Lo que tengo que decirte es muy importante -dijo la mujer pretendiendo estar en trance-. ¡Escucha con atención!

Cedric miró intrigado a la mujer, mientras Dumbledore comprobaba con cariño sus insignias de Scout. Cassandra abrió los brazos y miró al cielo, metafóricamente hablando, claro.

-Veo tu rostro... cayéndose al vacío. -Pausa dramática- ¡Desde una torre iluminada!

Cedric estaba a estas alturas muy emocionado, y contemplaba arrebatado a la pitonisa, con las manos cubriendo su boca.

-¿Mi rostro?

Cassandra hizo una pausa momentánea para decir:

-No, imbécil, el rostro del viejo de los pantalones cortos. -Dumbledore estaba a punto de indignarse cuando la mujer continuó, sin hacer caso de los sollozos que Cedric trataba en vano de contener-. Bueno, a lo que iba, antes de que mi visión fuera interrumpida. -Fulminó a Cedric con la mirada, y su voz se volvió profunda de nuevo-. ¡La caída te llevará al Abismo! Y tu asesino no es otro que... – Nueva pausa dramática- un antiguo... hem... ¿profesor de pociones? No, eso es demasiado ridículo. ¡Un antiguo amante! –terminó, llevándose una mano a la frente como para mostrar su dolor.

-¡Oh, dios mío, eso es demasiado cruel! –exclamó Cedric, cogiendo a la pitonisa por el traje que llevaba-. ¡Dime que no es verdad!

-Lamentablemente lo es –intervino Dumbledore por detrás-. Lo primero, porque Severus Snape nunca fue mi amante. Le iban más jóvenes, algo estúpido por otra parte. Todo el mundo sabe que cuantos más años más experiencia.

Cedric no llegó a entender al ex-director, conservando así parte de su salud mental intacta.

La pitonisa mientras tanto, habiéndose liberado del guía, se disponía a hacer su salida del capítulo. Ni Dumbledore ni Cedric la echaron de menos, y continuaron tranquilamente- más o menos- su viaje.

Llevaban una conversación amena e interesante:

-Simon ¿hemos llegado ya?

-No, aun no –repitió por milésima vez-. Y deje de llamarme Simon, soy Cedric.

-Te quejas mucho, Simon.

-Gggyggrgrgrgewg

-¿Decías algo, Simon?

-¡CEDRIC, ES CEDRIC!

Apunto de desatar a la fiera que llevaba dentro, Cedric se vio contenido por la sorprendente intervención de una voz femenina.

-¿Una limonada?

Esto les hizo darse cuenta que habían andado bastante, algo que probablemente había pasado desapercibido para Cedric debido a lo entretenido de la compañía.

Se encontraban frente a un puesto de limonada, donde una mujer pelirroja les ofrecía refrescos mientras Dumbledore parecía dudar -de nuevo- si reconocer a sus antiguos alumnos o hacerse el tonto.

Y otra vez, no tuvo suerte, porque desde detrás del puesto asomó la cabeza de un hombre joven, con gafas de pelo oscuro y revuelto, cuya expresión de sorpresa se vio convertida en una de profundo... odio.

-¡Maldito viejo chocho! -gritó el hombre, que había saltado sobre el puesto para tratar de ahogar al anciano-. ¡Dejaste a mi hijo con esos muggles! Le has utilizado como cebo. Le vas a hacer arriesgar su vida porque a ti te da pereza...! –continuó con el puño en alto, salpicándole a Dumbledore las gafas - y a falta de cristales los ojos- de saliva-. ¡Y lo peor es que le has convertido en un llorica!

La mujer se lanzó a separar a los dos hombres.

-¡James, James! Para ¡deja que se explique! -exclamó, tratando de apaciguar a su acompañante-. Seguro que el profesor Dumbledore tenía motivos. ¡Ya lo hemos hablado y prometiste que no harías esto!

Cuando al fin separó a James del cuello del anciano, que había perdido varias insignias Scout robadas, lo cual le era muy doloroso, se fijó también en la presencia de Cedric.
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Joanne Distte
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MensajePublicado: Mar Ago 29, 2006 2:03 pm    Asunto: Responder citando

-¿Quién es éste?

-Mi guía -respondió Dumbledore, alejándose unos pasos del violento vendedor de limonada hasta ponerse a una distancia segura-. ¿No le interesaría comprarlo? Por un módico precio, por supuesto.

James miró desconfiado al director, que puso sus mejores ojitos de corderito degollado.

-Con una limonada me conformo también.

-De acuerdo –murmuró Lily, mirando la fortaleza física de Cedric, dándole un par de golpes en los gemelos hasta casi hacerle doblarse de dolor-. James, ve a preparar limonada.

-¡Encima! Me niego a hacer nada para este tipo que...

-¡Qué la prepares!

-...u Vale –murmuró en voz casi inaudible. Dumbledore vio bastante impresionado como se remangaba los pantalones hasta las rodillas y se metía en un barreño de madera lleno de limones. Empezó a aplastarlos, y el zumo empezó a salir por debajo cayendo en un recipiente.

Lo que más preocupaba al director en ese momento era la longitud y la limpieza de las uñas de los pies de James, pero se cuidó de no decir nada. Estaba a punto de llevarse dos pájaros de un tiro: se libraba de Simon, y se ganaba un vaso de algo de limón (ahora que había dejado la Philadelphia el mono de los caramelos de limón había vuelto).

Mientras tanto, Lily seguía evaluando a Cedric, haciéndole preguntas casuales de tipo: "¿cuántos pasos por minuto puedes llegar a dar?" o "¿eres alérgico a los limones?". El pobre chico intentaba esconderse detrás de Albus, que no hacía ningún esfuerzo por ocultarle del espíritu analítico de Lily.

Dio un sorbo a la limonada, y miró a James, que movía la pierna para que su piel dejara de gotear zumo de limón.

-Um... bueno. Creo que me voy a ir yendo. Aquí os dejo a Simon -anunció Dumbledore de pronto, empezando a andar por el camino, con cierto disimulo-. Simon, pórtate bien -ordenó dirigiéndose al confuso guía que no podía escapar de las zarpas de la señora Potter, que empezaba a maquinar maneras de ampliar el negocio.

-¡Hey! -gritó James, saliendo del barreño. Antes de que pudiera decir otra cosa, el anciano ya estaba corriendo a toda velocidad camino adelante.

Cedric sintió pánico e intentó seguirlo, pero Lily lo sujetó.

-James, cariño...

James Potter cogió un limón, y, con la precisión de un ex-jugador de Quidditch y de un ex-auror, lo lanzó.

El limón hizo una parábola perfecta.

El viejo se derrumbó.

OoOoO

-¡No, James, no! –protestó Lily con un grito-. Con un par de tortas vale. ¡No hace falta una patada!

-¡Suéltame, suéltame! –soltó el hombre-. ¡Déjame darle!

Dumbledore entreabrió un ojo, y observó a la pelirroja que sujetaba a James con todas sus fuerzas. Meditó la idea de hacerse el muerto, pero supuso que no colaría, así que intentó espabilarse. Incorporándose, se llevó la mano a la cabeza; tenía un chichón como un limón de grande.

-¡Ahora vas a contestarme!

-¿En qué puedo ayudaros? -dijo Dumbledore con esa sonrisilla tan suya, que ponía mientras buscaba una salida fácil con los ojos. Eso sí, echó mano de Cedric (que no había logrado huir muy a su pesar) y lo interpuso entre él y James.

-Pues cuéntanoslo todo. ¿Por qué has estado utilizando a nuestro hijo? –gritó James furioso, y aquí parecía que Lily también escuchaba interesada-. ¡Y sin mentiras! Lo hemos visto todo desde aquí.

-Oh ¿se puede ver lo que ocurre en el mundo? –preguntó fingiendo interés, escapándose por la tangente.

-Sí, sí que se puede... -empezó a explicar Lily.

-¿En serio? -De repente Cedric parecía entusiasmado-. ¿Me visteis morir y ayudar a Harry en el Torneo? -Le pareció que recuperaba un poco el protagonismo.

James se quedó pensativo.

-Pues...no. En ese momento aplastaba limones.

Lily también estaba concentrada, tratando de situar su cara...

-¡Ya sé! –exclamó-. ¡Eres el chico que le quitó la novia a Harry para el baile!

-Se llama Simon –aclaró Dumbledore con un carraspeo.

Eso no ayudaba a su situación, pensó Cedric, tratando ahora de alejarse de James, que había empezado a refunfuñar y a lanzarle miradas asesinas.

-Bueno, a lo que íbamos -prosiguió Lily-. ¿Por qué ha hecho usted a Harry pasar por todas esa malas experiencias? Es decir, seguro que pudo encontrar a alguien mejor que Petunia...

-¡Eso, eso, que conteste si puede! -animó James-. ¿Y por qué le hace creer que tiene que acabar con Quien-No-Debe-Ser-Nombrado, eh? Usted podría hacerlo, en vez de comer caramelos de limón e intentar diseñar sus propias túnicas. ¡Desde aquí arriba se ve TODO!

-¿Túnicas, qué túnicas? -preguntó Dumbledore perplejo-. ¡No me diga que se refiere a la línea íntima de caballero que estoy diseñando!

-Lencería, oh dios mío... –murmuró James, llevándose una mano a la cara-. Hemos dejado a nuestro hijo con un pervertido.

-Bueno, no eran tan feas cuando se las probaba Malf... ejem. -Lily se cortó a media frase porque el silencio mortal que había inundado la escena era un poco incómodo.

James parecía al borde de un colapso nervioso. Una enorme vena palpitaba en su sien, amenazante.

-¡Deje de irse por las ramas y conteste a las preguntas! –gritó exasperado.

-Hum... -Albus Dumbledore se quedó pensativo, sin estar seguro de cómo abordar el tema. Pensó que le habría gustado tener presente a su abogado... y a un par de matones.

-Pues es que, según la Profecía... –empezó, pero fue interrumpido en seguida.

-¡Si la inventaste tú! –insistió James, sacando un pequeño cuadernito del bolsillo-. Mire, mire, aquí. ¡25 de Diciembre de 1980, en la fiesta que os pegasteis los profesores en Cabeza de Puerco por Navidad!

-¡Empezó siendo una broma! Pero Trelawney y Snape también iban como cubas y se fueron de la lengua –protestó Dumbledore, resentido-. Al menos podrían haber esperado a que terminase la versión.

-¡El caso es que Voldemort se la creyó! -dijo James molesto-. ¡Es todo culpa de usted!

-Yo no...

-¡Nada de excusas! Lily, dame más limones –ordenó el hombre, estirando la mano, con toda la intención de matar al anciano por proyectiles.

-Toda tiene una explicación, en serio –replicó, mientras miraba a su alrededor buscando una escapatoria. Cedric había desaparecido misteriosamente.

-¡EHHHH, YUHUUUUUU!

-¿Qué es eso? –soltó James, extrañado al escuchar una voz nueva y masculina gritando.

-Esa voz me suena –murmuró Lily, buscando la procedencia del sonido también.

-¡SACADME DE AQUÍ! –gritó la voz-. ¡ESTO HUELE A RAYOS!

-¡Es Sirius! –exclamó James, dejando caer el limón perplejo. Albus pudo respirar tranquilo.

-¿Sirius?

-Sí, escucha, Lily, escucha.

-¿HAY ALGUIEN?

-¡Es verdad, es él!

Dumbledore ahora también escuchaba la voz, asustado.

-¡Más alumnos no!
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Khelpie
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MensajePublicado: Mie Sep 06, 2006 11:52 am    Asunto: Responder citando

xDxDxDxD

por favor, tienes que continuarla. Muy divertida, flojea en algunas partes que parecen algo..improvisadas Smile pero es genial.

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Joanne Distte
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MensajePublicado: Mie Sep 06, 2006 5:44 pm    Asunto: Responder citando

ains, supongo que es la cosa de improvisarlo todo... xD Tenemos una idea base, pero las coñas van saliendo a medida que escribimos por msn. Aparte de que escribir por msn es un coñazo xD es lógico que flojee supongo en algunas partes.
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